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DESDE ESTA ESQUINA..¿QUIEN MANDA?

DESDE ESTA ESQUINA..¿QUIEN MANDA?

DESDE ESTA ESQUINA.

MELITÓN GUEVARA CASTILLO.

06-11-2018.

 

¿QUIEN MANDA?

 

La pregunta tiene varias respuestas. En principio una formal: quien tiene la autoridad, en este caso, constituida; pero, visto de otra óptica, manda quien ejerce el poder; toda vez que, la historia, registra hechos y circunstancias de cómo, quien detenta la autoridad formal, es una especie de aparador, que deja hacer, y otros son quienes en realidad gobiernan. Es cuando se habla de que hay un poder tras el trono.

 

La historia mexicana, ejemplo, documenta como a partir de la revolución se instaura el Maximato; dándole a Plutarco Elías Calles el título de Jefe Máximo de la Revolución. Por eso, a Pascual Ruiz Ortiz, como Presidente se le conoció por el apodo de El Nopal, por baboso, por dejar que otro tomara decisiones por él. Sera el Gral. Lázaro Cárdenas quien, destruye el Maximato y establece el “Presidencialismo Mexicano”.

 

VISION FORMAL.

En el caso mexicano en la etapa de los priistas, incluso en parte de los panistas, quien mandaba era el Presidente de la Republica. La visión formal de la división de poderes ha sido, siempre, en México una ficción: el presidencialismo fue poderoso, omnipotente, autoritario. Su voz eran, siempre, órdenes que se cumplían. Los poderes Legislativos y Judicial eran meros apéndices a sus órdenes. Había, decían, colaboración y no subordinación.

 

La división de poderes no existió: tanto el legislativo como el judicial no servían de contrapesos; y es que, los senadores y diputados, llegaban palomeados al Poder Legislativo; y, para cumplir con el favor, ningún pero ponían a las propuestas que el Ejecutivo hace de Magistrados. Así, en esta coyuntura, legisladores y magistrados debían su chamba a la decisión presidencial. No había, pues, duda de quien mandaba.

 

VISIÓN FACTICA.

¿Mandaba realmente el Presidente de la Republica? Si hacemos caso a las teorías marxistas, muy en boga el siglo pasado, en todo país y gobierno existe una elite. Política, económica, industrial, educativa, sin contar, obvio, a los medios de comunicación. Pues bien, para el marxismo quien gobierna en última instancia es la elite económica, con todo y que la elite política tenga en sus manos el poder del Estado. ¿Cómo sucede eso?

 

La política, quienes la hacen, requiere de recursos económicos. La elite invierte en la política y, a partir de ahí, es como ganan poder e influencias. Lo vemos, por decir, con el próximo gobierno federal: aparecen en la escena miembros de una elite económica que, sin duda, tendrá capacidad de influir en la toma de decisiones, serán beneficiarios en las obras y construcciones del gobierno federal y en más de una entidad federativa.

 

EL PODER POLÍTICO.

Para entender el poder político partimos de varias definiciones. Por ejemplo, Carlos Marx decía que es una correlación de fuerzas y que, en todo caso, se impone la más poderosa. En este caso, es la de MORENA, que aglutina, al momento, 2 instancias de poder: la ejecutiva y la legislativa y, por lo que hace indicar, ya acciona, ya instrumenta mecanismos para ir por el Poder Judicial. Sera un gobierno, digamos, muy parecido a la etapa priista: donde solo una voz ordenaba y mandaba.

 

La otra visión de la política, de resolver problemas y haciéndolo buscando el menos daño para las partes involucradas, es la que se define como consenso, acuerdo, dialogo, entre otras cosas. Y eso, por experiencia, no se vive cuando en la elite política hay un mando único, poderoso. Aquí, según las últimas decisiones y acciones, se ve, se nota, que el poder política busca avasallar, dominar, al poder económico. Así, obvio, debe entenderse el mensaje videograbado de AMLO con el fondo del libro… ¿Quién manda?

 

Manda AMLO y, a partir de sus primeras decisiones como Presidente Constitucional, tendrá que crear los mecanismos que le permiten ejercer a plenitud ese poder: para impedir que otros, que tienen posiciones de poder, asuman intereses más personales olvidando el proyecto de la 4 Transformación. Gobernar, sin duda, al estilo PRI: concediendo beneficios y castigos, según sea el caso.

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